May 11th, 2011 (10:29 pm)

Enfilando la segunda parte de esta decepcionante sexta temporada (06x15, el del francotirador, es el último que he visto), mi estado de ánimo ante Bones fluctúa entre el aburrimiento y el cabreo. Igual es cosa mía que me lo he tomado muy a pecho, pero me tiene muy enfadada. Parece mentira cómo insensiblemente esta serie ha ido perdiendo todo aquello que la caracterizaba (simpatía, sencillez, personajes entrañables,... “buenrollismo”) para convertirse en un insulso procedimental, sin chicha ni limoná y sin rumbo conocido. O quizás peor: con un rumbo claro (la resolución de la famosa UST) al que se encamina de forma prefijada y sin la menor emoción. Como si se tratara de cumplir el contrato establecido con lo que se supone que los espectadores quieren y esperan. Y eso se hará, aunque haya que forzar la máquina y la lógica, forzando las peripecias vitales de unos personajes que se estaban encaminando por otros derroteros. (Y por cierto, desde mi punto de vista, el mejor capítulo de esta temporada ha sido precisamente el 6x09, "La doctora en la foto" en el que Brennan se identifica con la soledad de una cirujana y se enfrenta al vacío de una vida sin afectos). Pero, a riesgo de que el tramo final me desmienta, me da la sensación de que los guionistas no van a dejar espacio para la sorpresa.
Por encima del agotamiento lógico de llevar tantos episodios, creo que el verdadero problema de esta serie es ése: se han enredado en la relación Brennan- Booth alargándola en exceso, complicándola (Hannah) para poder estirarla un par de temporadas más y ahora no sólo la han desvirtuado, sino que tienen serios problemas para resolverla con mediana coherencia. Por otra parte, están “obligados a resolverla” y eso les está llevando a chorradas inmensas como el supuesto capítulo de inflexión, el de la ruptura de Booth y Hannah. ¡Cómo me cabreó ese episodio! Si se suponía que iba a hacer suspirar a la fan que debe de haber dentro de mí, consiguió todo lo contrario. Me pareció forzado y falso. Me pareció tramposo y una tomadura de pelo al público. Recordamos: Sweets y Booth, ante unas copas, tienen una de esas charlas de hombres (¿sí? ¿Los hombres se ponen tan empalagosos?) en que ambos confiesan su amor (por Daisy y Hanna, respectivamente. Si hubiera sido del uno por el otro, habría sido bastante más interesante). Booth, después de cantar todos las virtudes de su perfecta relación con Hannah, en la que se siente totalmente feliz, ha decidido pedirle matrimonio con el consabido anillo de compromiso. Y es lo que hace a continuación: compra la sortija de rigor y va a pedir la blanca mano de Hannah. Y la sorpresa (para el espectador, no debería de haberlo sido para Booth) es que ella le dice que no gracias, que “como le había dicho en anteriores ocasiones”, ella no es “de las que se casa”, que le quiere, que quiere seguir con él, pero que no está dispuesta a pasar por la vicaría. ¿Y qué hace él? ¿Le dice cuánto la quiere y lo importante que es para él? ¿Le ofrece apoyo, respeto, cariño y comprensión? Noooooooo. Él se ofende y se siente rechazado cual doncel virginal. Se viene abajo y corta por lo sano, sin una palabra. ¡A ver, que ya sabemos que Booth es católico, pero es que lleva varios meses viviendo con Hannah, que tiene un hijo de otra relación en que tampoco se casó, que estamos en el siglo XXI! En fin, que yo estoy con Hannah, la única con dos dedos de frente ante los devaríos de su pareja. Esa reacción (la de Booth) podría parecerme justificada si sus convicciones religiosas o morales fueran muy firmes en ese terreno, pero es que no es el caso, como demuestra la trayectoria del personaje. Y lo de “nadie me quiere, no soy bueno para que nadie me acepte en matrimonio”, lo siento pero no me lo creo. Es demasiado patético. En realidad, da casi risa. Parece de princesita de cuento, más que de recio agente del FBI, ex-francotirador para más señas. En fin, que este episodio me pareció, además de incongruente e inverosímil, una falta de respeto al personaje de Sheley Booth. Es cargarse la coherencia interna del personaje y convertirlo en una caricatura infantil y si se supone que deberíamos estar felices porque el camino para Brennan queda así abierto, los perpetradores de tamaña escena deberían pensar que no todo vale. Que para la propia Bones es también un insulto convertirse en el paño de lágrimas de un hombre que ama a otra. (Aunque, claro, eso no será un problema, porque ya nos dirán dentro de poco -desmintiendo todo este principio de temporada- que lo de Hannah ha sido poco más que una ilusión pasajera y que Brennan y Booth están hechos el uno para el otro y lo suyo es el “verdadero amor” y blablabla. De hecho, a los dos episodios a Booth ya “se le había pasado “ y “la romántica velada de San Valentín” disparando metralletas en la sala de tiro, me pareció otra salida de tiesto más.
Las incongruencias (desidia más bien ya) continúan en episodios posteriores como el que vi ayer, donde un peligroso tirador de élite va a abatir a un abogado y el grupo lo sabe, la fiscal (la gran Caroline) lo sabe y nadie hace nada, fuera de psoturas heroico-chorras. Ni siquiera lo obvio de impedir al pobre abogado que vaya al baño donde lo van a abatir. Ni se les ocurre llamar a la policía para que despliegue sus efectivos, refuerce la seguridad... algo. Bueno, sí, lo hace Booth con su móvil, después de el sospechoso huya.
Añadimos a lo previsible de la pareja protagonista, que ha perdido toda la frescura de sus comienzo, unos secundarios que están totalmente desdibujados (¡incluso los becarios han perdido sus rasgos definitorios!) y creo que tenemos una temporada penosamente perdida por la puñetera manía -conveniencia económica, más bien- de estirar el chicle. Igual me tengo que tragar mis palabras dentro de poco (ojalá), pero de momento desahogo mi cabreo. El hecho es que Bones, era una serie que antes suponía un placer, y que ahora veo casi por compromiso obligándome a dejar otras que me enganchan mucho más para ver uno o dos capítulos a la semana y no acabar de dejarla colgada del todo. Qué triste.